
Enrique Loewe es el eslabón final de una saga dedicada al consumo máselitista.De su mano entramos en un mundo perfumado, exquisito, apto para bolsillos privilegiados o mementos de locura transitoria. Dice que no es un hombre anuncio, y lo único que lleva de su firma es la corbata de seda en tonos rojos.No es un hombre fiel al perfume de casa y tampoco a muchos otros objetos, dice que no siempre se puede permitir el lujo de comprar en las tiendas que llevan su apellido.
¿Qué vemos en una firma que hasta somos capaces de llevarla falsificada?< BR> En las marcas vemos identidad, la cristalización de una imagen, vemos seguridad.
Su bisabuelo, también Enrique Loewe, inicia la firma con la marroquinería, y usted es el hombre de los perfumes.
Metoca a mí y fue una suerte.Los perfumes me han dado una gran formación; pensar en clave de aromas, para una marca, para una mujer Loewe era complicado. Había que imaginarse muchas cosas y no hay nada para educar la mente como imaginarse algo.
Dime a qué hueles y te diré quién eres…
Prefiero el tradicional, el dime con quién andas.
¿La globalización ha hecho que pierda esencia el lujo?
Está en un proceso de cambio de proceso y renovación.
Usted ha vivido en el epicentro del lujo, defínalo por favor.
Era lo escaso, lo especial, lo caro…También era la acumulación de cosas caras. Pero el lujo ya no es escaso, ya no es tan caro, ha accedido mucha gente.
Ya no es lo que era.
Exacto, el lujo ha perdido sentido, el lujo se ha democratizado demasiado y ahora está buscando nuevos caminos de expresión.
Lujo y ostentación, ¿caminos paralelos?
Por supuesto que sí. Pero hoy en día ese lujo no está de moda, el lujo que está de moda es el que procede de la cultura, del discernimiento, el que procede de un consumidor mucho más formado, que no está dispuesto a tener cincuenta bolsos, sino dos o tres que le produzcan experiencias, satisfacciones. El lujo ha pasado del objeto a la experiencia.
¿Para qué sirve el lujo?
Para mostrar mejor la experiencia y el saber, no para esconderte detrás de una cosa queriendo ser lo que no eres por la cosa que tienes delante. El lujo de hoy es mucho más honesto y verdadero. Probablemente, el mayor lujo, lo digo siempre, hoy es el tiempo.
Vivir dentro de un mundo tan lleno de cosas caras tiene que marcar. Yo nací en una familia que nunca quiso ser lujosa como familia, ni lujosa como empresa. Eso ha venido después, al hacer cosas de calidad y de la mano de un público que ha entendido nuestros productos.
Pero un público muy exquisito, han sido proveedores de casas reales.
Pero me hablas de 1905. Lo que ocurre es que Loewe durante unos años fue la tienda más importante y España era un país bastante cerrado, había muchos problemas de aduanas, de impuestos.
Se falsifica todo, ¿cómo lo ve?
Con una visión cínica, te diría que la falsificación es el precio del éxito.
¿Fastidia?
Sí, cuesta mucho hacer un diseño para que luego te lo copien.
¿Pierden las firmas tanto como dicen?
Sí, y es una pérdida significativa de alrededor de un veinte o veinticinco por ciento. Así que al final los precios están artificialmente encarecidos para no perder lo que suponen las falsificaciones. Crear es muy caro.
¿Es capaz de diferenciar un bolso Loewe auténtico de uno falso?
Cada vez menos. Cada vez se copia mejor. Es un tema que es así. Antes veías en China un bolso nuestro y te daban ganas de vomitar. El crecimiento que se produce en países como China e India está retro alimentando un diseño y una creación propia. Dentro de unos años veremos muy buenos productos, no copiados, chinos e indios.
¿Volverá el lujo a ser asiático?
Creo que sí.Va a ser una competencias para los guccis, los hermeses y los loewes, para toda esa gente de malvivir, ja, ja, ja…
¿Ha visto en su casa algún producto falsificado?
Sí, lo que yo traía de China para fastidiar en la empresa, en plan masoca.Yo no soy de los que compran esas cosas. Pero no porque sea un snob, no soy criatura de saldos, prefiero no tener algo que obtenerlo por el camino raro. No soy consumista en exceso y no me gustan las falsificaciones, porque creo que es un desprecio hacia algo que yo valoro mucho; el diseño, el trabajo de calidad, la diferenciación.
¿Es usted un hombre fiel a la marca? Lleva corbata Loewe.
Hoy sí. Pero no soy un hombre anuncio; no me siento ni obligado ni realizado por llevar todo Loewe. A veces incluso no me lo puedo permitir.Nome puedo comprar todo lo que me dé la gana de Loewe por mucho que mi apellido sea ese. Así de claro.
Con usted se acaban los Enrique en la saga familiar.
Y desgraciadamente a lo mejor se acaban los Loewe.
Ha vivido situaciones comprometidas dentro de la empresa familiar. ¿Cómo vive ahora el negocio?
Loewe, como todo el mundo sabe, pertenece a un grupo donde hay otra firmas internacionales importantísimas, y yo me dedico a Fundación Loewe, a hablar bien de Loewe, ése esmi trabajo y yo lo hago encantado porque una cosa es no ser un hombre anuncio y otra no estar enamorado de la casa Loewe.
Hemos hablado mucho de lujo. ¿Está muy relacionado con la elegancia?
En ciertos aspectos un objeto elegante esun lujo. Pero la elegancia como concepto en la persona no significa llevar encima un conjunto de cosas lujosas. Alguien puede ser elegante con la cosa más sencilla del mundo. La elegancia es el conjunto de muchas cosas, pero no tienen porque ser lujosas, ostentosas o caras.No tienen ni tan siquiera que llamar la atención.
¿Con dinero somos elegantes?
No necesariamente. Te puedes gastar la mayor fortuna y no conseguir ni un toque de elegancia. Otras personas con dos toques y un poco de ángel resultan.
Así que aunque la mona…
Se vista de seda, mona se queda. Un buen refrán en este caso.
¿La moda es espectáculo?
En eso la hemos convertido. Pero lo que se ve en una pasarela no es más que una pincelada. Todo lo hemos exagerado mucho.
¿No está de acuerdo?
No me gustan las exageraciones.
¿Hemos perdido elegancia en la forma de vivir?
Es posible que sí. Estamos buscando nuevas elegancias en un proceso de transformación. La sociedad ha crecido muy deprisa, no sabemos aprovechar muchas de las cosas que tenemos a nuestro alcance. Ha cambiado todo tanto que no es una fase de armonía y renacimiento. Pero bueno, me imagino que la vida es cambio y nos tenemos que adaptar.
¿Dónde buscaría usted la elegancia?
En la cultura, en la humanidad de la persona y, vuelvo al principio de nuestra conversación, en tener tiempo, tiempo para pensar y reflexionar. Es muy importante para todos.