En realidad, las tierras de Doñana vienen siendo frecuentadas por reyes, nobles y gobernantes desde hace siglos. Se tiene constancia del paso de Alfonso X el Sabio, quien en 1262 hace de uno de sus términos “cazadero de la Real Corona”. Efectivamente, acudían al lugar, lamayoría de las veces, para abatir los animales que allí vivían, y con el fin de alojarse junto a sus séquitos e invitados se hicieronconstruir pabellones de caza dotados de numerosas habitaciones, salones y amplias cocinas. No es que sean edificios ostentosos, y si se les da el rango de palacios esmás bien por haber alojado a tan distinguidos personajes. De hecho, según Miguel Delibes, el rey Alfonso XIII concedió tan rimbombante nombre a cualquier lugar donde pasara la noche, incluyendo la modesta casa marismeña de Las Nuevas. Los edificios que más se pueden aproximara la idea que tenemos de una casa palaciega son los palacios de Doñana, Marismillas, Acebrón y el del Rey. Los dos primeros, y sobre todo el de las Marismillas, son los que acogen en la actualidad a las personalidades ilustres.
PALACIO DE DOÑANA
El palacio de Doñana, situado en la Reserva del parque nacional, está destinado ahora a la ciencia. En él se alojan los biólogos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que trabajan en la Estación Biológica de Doñana y a los voluntarios que acuden, generalmente en verano, para colaborar en alguno de los múltiples proyectos de investigación que se llevan a cabo. Se construyó en el último tercio del siglo XVI por orden del séptimo duque de Medina Sidonia, para su esposa, Ana Gómez de Mendoza y Silva, hija de la Princesa de Éboli, una de las mujeres más influyentes de la corte de Felipe II, que pudo dar origen al nombre por el que hoy se conoce al lugar al tratarse del Palacio de Doña Ana.
En principio se trababa de un modesto edificio, pero fue reformado y ampliado en 1624 con motivo de la visita de Felipe IV, quien fue invitado por el octavo duque a participar en una cacería. Lo que no esperaba su anfitrión es que acudiera acompañado por la corte en pleno: según los archivos de la casa de Medina Sidonia, junto al rey viajó un séquito de casi 12.000 personas, al que hubo que alojar en todas las casas disponibles y en barracas y tiendas de campaña improvisadas.
Durante tres días se organizaron cacerías, actuaciones teatrales y corridas de toros, sin faltar los fuegos artificiales y otros entretenimientos y espectáculos a cargo de músicos, acróbatas y bufones. Lamagnificencia de los festejos fue tal que las facturas hicieron menguar peligrosamente la fortuna del duque, que procedía en parte de la explotación del monopolio de las almadrabas para la pesca del atún.
Tiene más aire de cortijo que de palacio, aunque recientemente han sido encontrados los restos de una torre que data del año 1416 ocultos entre las paredes del recinto, y en su patio pueden verse numerosos bonsais, algomásgrandes de lo que cabría esperar. Son algunos de los que cultivaba Felipe González, que puso de moda Doñana como lugar de descanso presidencial y que es, sin duda, el presidente del que se guarda un mejor recuerdo en el parque.
Dormía en una casa próxima al palacio, conocida como el chalet –una edificación moderna, aunque algo deteriorada, que la leyenda dice que acogió a los reyes deEspaña cuando todavía eran príncipes–, pero acostumbraba a comer con los científicos en el palacio.Las cocineras recuerdan entre risas que discutían con el ex-presidente cuando se empeñaba en ponerse ante los fogones para ayudar a hacer la comida, y contraponen su campechanía a la inaccesibilidad de José María Aznar.
De sus dependencias destaca un gran salón con sillones de cuero, chimenea y las paredes decoradas con trofeos de caza, sobre todo cornamentas y cabezas de ciervo, gamo y jabalí disecadas, así como fotografías de antiguas cacerías.Es una dependencia que recuerda que su uso en épocas pretéritas era justamente el contrario del actual y que se mantiene fresca mientras en el exterior el sol amenaza con agostar los bonsais donados por Felipe González. También dispone de una capilla, hoy reconvertida en biblioteca, que conserva un dorado retablo.
El ex-presidente solía abandonar el lugar para pescar desde la barca de su amigo Pichilín, propietario de un chiringuito en Matalascañas (la localidad más próxima al palacio) donde sigue ofreciendo a los comensales el pescado que arrebata al mar cada mañana.
EL PALACIO DE MARISMILLAS
Felipe González también fue inquilino del Palacio de las Marismillas, situado en el extremo sur del parque, cerca de un Guadalquivir que un par de kilómetros más adelante desemboca en el océano Atlántico a la altura de Sanlúcar de Barrameda. Se encuentra en la finca del mismo nombre, y fue construido por encargo del duque de Tarifa en 1912, siguiendo un estilo colonial de influencias nórdicas, siendo rehabilitado en la década de los 90 por los gestores del Parque Nacional, para pasar después a formar parte del Patrimonio del Estado.
El duque de Tarifa, que se convirtió en propietario de la finca de Doñana al casarse con María de los Ángeles Medina Garvey, titular de los bienes de la casa de Medina Sidonia, gestionó la finca desde un punto de vista empresarial, llevando a cabo inversiones como la compra de los terrenos que la circundaban, plantaciones de arbolado y la construcción del palacio de Marismillas. Además, potenció su renombre como cazadero, para lo que llevó a cabo una campaña de promoción que incluyó la organización de monterías a las que invitó al rey Alfonso XIII, quien se convirtió en un huésped habitual del palacio.El edificio fue utilizado por José María Aznar y ahora por José Luis Rodríguez Zapatero y sus respectivas familias como alojamiento durante vacaciones y periodos de descanso. Allí han estado, como invitados y entre otros muchos, el ex primer ministro británico Tony Blair o el fallecido rey belga Balduino y su esposa Fabiola, así como numerosos representantes de casas reales europeas y personalidades políticas.
Cuando los presidentes se encuentran en el lugar se activan medidas de seguridad que impiden acercarse al edificio, con lo que también se cierran al tráfico algunos caminos. Con Aznar se impedía incluso el paso por la playa de Doñana, lo que entorpecía notablemente el trabajo de campo de los biólogos del CSIC.
Zapatero acostumbra a pasear y correr por los alrededores de la residencia, y en ocasiones toma la barcaza que cruza el Guadalquivir para visitar Sanlúcar y probar la manzanilla junto a las tortillitas de camarones y otras exquisiteces de CasaBalbino, un establecimiento situado en la plaza del Cabildo,muypopular por la calidad de sus especialidades y sus precios moderados, lo que hace que siempre esté lleno a rebosar y que sus camareros –una legión– no den abasto para atender a la clientela. Fue una de las imágenes del verano de 2007: Zapatero sentado en las mesas que el bar tiene en la plaza mientras su entonces secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, ejercía de improvisado camarero del presidente y sus acompañantes, porque los camareros no salen de detrás de la barra.
Felipe González también frecuentaba otro restaurante (Casa Bigote, en el Bajo de Guía, el paseo que bordea la playa) del que reclamaba su famosa paella, mientras que José María Aznar prefería comer en el palacio las viandas que le preparaban los cocineros o que encargaba a los restaurantes sanluqueños.
ACEBRÓN Y EL REY
Los palacios del Acebrón y del Rey se encuentran al norte del parque. El Palacio del Acebrón está cerca de El Rocío y en el curso del arroyo deLaRocina, que nutre de agua la marismamáspróxima al pueblo, en la que se refleja la iglesia que concentra cada primavera a miles de personas con motivo de la romería. Es una construcción reciente, mandada a edificar en 1961 por Luis Espinosa Fontdevilla.De difícil caracterización –se le podría definir de estilo neoclásico con influencias versallescas–, sí que responde a la imagen habitual de un palacio, con majestuosas escalinatas, balconadas, amplios ventanales y un frontón triangular que corona la fachada rematado por un águila con pretensiones heráldicas, al igual que el escudo que únicamente acoge las iniciales del que fue su propietario.
Luis Espinosa no reparó en gastos a la hora de levantar el palacio.Utilizó con profusión mármoles y maderas nobles, y decoró el edificio con costosos muebles e incluso frescos enlos techos que reproducen, con dudoso éxito, obras maestras como El rapto de las hijas de Neucipo, de Rubens, o las mismísimas pinturas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.Tanto gastó en el palacio que acabó arruinado, y apenas pudo disfrutar de su obra, que quedó en un estado de semi abandono durante el que fue despojada, por ejemplo, de las losas de mármol que revestían la escalinata.
Tras ser restaurado, acoge en la actualidad un centro de visitantes del Espacio Natural de Doñana con exposiciones permanentes sobre la historia del parque y los modos de vida tradicionales de sus habitantes. Mantiene una sala, el comedor, con algunos de los muebles originales, como puede comprobarse en las fotografías que recogen escenas de la vida en sus dependencias, y trofeos cinegéticos, incluida la cabeza disecada de un lince.
El Palacio del Rey, también conocido como Palacio del Lomo del Grullo, se encuentra en el llamado Coto del Rey, en uno de los caminos que llevan a los romeros hasta El Rocío. Fue ordenado construir por el rey Juan II (1398-1479), siendo los Reyes Católicos los que le dieron mayor esplendor.
El edificio se remozó en fechas diversas y en 1770 se procedió a sutotal rehabilitación. A mediados del siglo XIX, el duque de Montpensier adquirió la propiedad, siendo una de sus hijas, la condesa de París, la que impulsaría la rehabilitación del palacio hasta darle la apariencia que presenta hoy.
Hasta fechas recientes sus propietarios permitían a los romeros descansar entre los muros que circundan la extensa finca antes de iniciar el último tramo en su camino hasta la ermita de la Blanca Paloma, pero desde hace algún tiempo sus puertas permanecen cerradas al paso de las carretas.