Si Rocío Jurando levantara la cabeza, viera a su cuadra a 'cocazo' limpio y su herencia convertida en un auténtico estercolero, volvería al más allá en lo qeu Julián Muñoz firmaba una licencia ilegal. El inri total viene de la mano de los Mohedano que. vía exclusiva, ponen de manifiesto las peleas que mantienen entre ellos por el pienso. Hablamos del pienso que la más grande dejó en sus abrevaderos, tras su toda una vida canta que te canta por los escenarios del mundo.
El más inri lo pone Ortega Cano, que baila en televisión convirtiéndose en el Orzowei de las pistas de baile... Aún sufrimos la resaca que Ortega Cano nos causó con su baile y sus modelitos en Mira quién mete más tripa. El maestro del agustito se creyó tanto su papel que llevamos toda la semana rumiando esas imágenes en las que un Ortega tipo macho gizon nos ponía la carne de gallina.
La tensión se palpaba en el ambiente, el torero no abandonó su tono violáceo durante toda la gala, resultado del esfuerzo que le acarrea ocultar su incipiente abdomen. Ortega ha protagonizado uno de sus paseíllos más surrealistas y rentables de su temporada.
Cuentan que ingresa 60.000 euros por programa y por esas banderillas virtuales que parece colocar a sus parejas de baile que le miran como si el maestro fuera a conseguir el rabo tras la ejecución de sus movimientos acompasados. ¡Así cualquiera arrima la cebolleta entre pasito y pasito de baile!
El viudo de Rocío Jurado, folclórico como nadie, se enfundó en un pantalón tan pegado que estrangulaba su entrepierna hasta límites insospechados.
Un pantalón capaz de provocar la esterilidad de su portador en una sola puesta. ¡La alegría de las clínicas de reproducción y de l@s fans acérrimos, que a buen seguro disfrutan con la sinuosidad de la pernera del Ortega más torero! Ortega, como diría Súper Paputxi, esta “raro, raro, raro”.
Rocío Jurado estaría orgullosa del porte de su Joze; sin duda, hubiera apoyado su vena artística y jaleado el movimiento de cadera más sexy de los ruedos mundiales.
Con lo que no estaría contenta es con el zarzal en el que se ha convertido el reparto de su herencia, una maraña de bienes inmuebles e impuestos por el que su adorada familia está más que dispuesta a sacarse los ojos.
Fallecida la gallina de los huevos de oro, los polluelos se quedaron sin rumbo y sin pienso del que chupar. Uno de los ejemplos más claros es el que sufre su hermano Amador, manager de la cantante, frikivocacional y famoso convencido. Su mujer, Rosa Benito, se ha convertido por arte y magia de la caracterización, en la doble de una Rocío que se parecía, cada vez más, a sus imitadores.
La Jurado se convirtió en una hipérbole de sí misma. En consecuencia, la Benito es una exageración del original, eso sí, sin ápice del inmenso talento que presidió la intensa vida de la chipionera. La mujer de Amador Mohedano, en paro tras el cese de su contrato con Ana Rosa Quintana, se dedica al mundo de la exclusiva a falta de una cuñada a la que ordeñar.
Fallecida la vaca hay que buscar otra teta de la que chupar.
Caso aparte es del Rociíto. Heredera de la gran parte del patrimonio de su madre, se empeña en no participar del circo en el que se ha convertido la familia. La Carrasco ha pasado de ser origen de escándalos sin fin a zafarse de la actualidad que provoca parte de su familia. ¡Quién no recuerda el Expediente X que supuso la introducción presunta del orondo Fidel en el txikiti-maletero en el que se trasladaba furtivo al encuentro de su famosísima novia! El amor mueve montañas y, a tenor del cuerpazo que luce Albiac, también es capaz de mimetizar al enamorado y acomodarlo en el mini habitáculo móvil como si tuviera el tamaño de Joselito. Lejos quedan ya sus desfiles en el hipermercado La Ballena y sus exclusivas, que la Jurado intentaba neutralizar a base de gorgoritos.
La gran Rocío protegía a su hija por encima de todas las cosas, se ganaba a la prensa y hasta cuando no podía evitar algún que otro brote, nos encantaba. ¿Quién no recuerda a la folclórica en chándal, con un enorme bolso, gafas de sol y pelo fosco de revolcón, gritar a pulmón batiente: “Más nunca vengo al AVE”? Arte puro y “raro, raro, raro”.