Un castillo, imponente, bien dotado, esbelto… todos los adjetivos son posibles para el de Butrón, que ese es su nombre, el mismo que el del río que nutre sus fosos defensivos. En plena extensión campestre de la viejaGatika, cuando se llega desdeMungia o desde Plentzia, sorprende lo ya dicho: entre caseríos, prados y huertas, un bosquete oscuro del que asoma esa mole pétrea de Butrón, el castillo pálido de roca clara que asemeja un residuo de decorado fílmico. En Gatika todo recuerda la propiedad o fundación de la familia de los Butrón: el río es Butrón, la ermita próxima a la entrada del castillo es también de Butrón, la propia fortaleza... todo rememora la historia y poderosa vida de ese linaje.La primera casa fuerte de los Butrón fue levantada en el siglo VIII en el peñascal de Gantzurritz, más próximo a Plentzia, trasladándose más tarde al actual emplazamiento, siendo sus dueños caudillos en las luchas banderizas del medievo vizcaíno. Su posterior propietario, descendientedel linajedelosButrón,el Marqués de Torrecilla, transformó en el siglo XIX la casa torreenel exótico castillo queahorapodemoscontemplar, para hacer honor a su esposa Josefa de Arteaga.
La obra, dirigida por el marqués de Cubas, fueinspiradaenformasgóticas, nórdicasyfantásticas segúnlos modelos del castillo levantado por Luis de Baviera en aquella región. Por tanto, no es un castillo medieval al uso, es una bella recreación propiciada por el marqués.Aquella obra no fue veloz, ya que estaba condicionada a los ingresos de la familia y, aunque se inició en el siglo XIX, no concluyó hasta el principio del siglo XX cuando era Marqués de Torrecilla Andrés Avelino de Salabert y Arteaga. Más tarde, el edificio pasaría consecutivamente a propiedad de los Duques de Medinacelli y a la Duquesa de Cardona.
El río alarga su camino en lentos meandros alrededor de este castillo y en sus laderas se levantan palmeras, abetos gigantes secuoyas y otra infinidad de árboles exóticos traídos por el hijo del marqués. Un bosque del jardín del paraíso lleno de silencio y de encanto, poblado de trinos alegres y que abre todo su espacio a la gran torre de piedra clara.
Avecinado por una solitaria ermita y un antiguo molino, que ahora está ocupado por un restaurante, el entorno del castillo acostumbra a quedar bajo las nieblas en ese pequeño municipio agrícola de Gatika.
Lástima no poder visitar esta construcción por su interior, recorrer sus pasillos y pasadizos, asomarse a sus almenas, donde anidan el cernícalo y la lechuza,y desde las que la vista sobre Gatika es espléndida.
Las sucesivas herencias terminarían haciendo del castillo un museo que fue cerrado en el año 1953 como consecuencia de un fatal accidente. Después de importantes expolios, en el año 1989 cambiaría de dueño por primera vez en seis siglos; la empresa de diseño y arquitectura Estudios Arriaga lo adquirió para convertirlo en su sede social y, tras una gran reforma, lo reabrió a las visitas del público en 1994 proponiendo en su interior fiestas y cenas medievales, pero el poco éxito del proyecto obligó a su cierre.
Sacado a subasta, fue adquirido por la empresa inmobiliaria Inbisa, que ahora tiene en sus manos decidir el futuro de este castillo.
Vete a Butrón, asómate a los bosques exóticos, da un paseo por ellos y rodea la imagen de este portento arquitectónico. Contempla sus fosos con peces colorados y, si sigues aún caminando por las orillas del Butrón, podrás disfrutar de un paseo de naturaleza junto a los rincones donde se apuestan los anguleros en el invierno. Por allí están los meandros escondidos del Butrón.