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Almudena Aguirre Arocena - Martes, 3 de Mayo de 2011 - Actualizado a las 18:02h
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Con la “cabeza fresca” de las imágenes de la boda real inglesa, como diseñadora especializada en Sombrerería, quiero expresar mi admiración ante la impecable exhibición de elegancia.
Inglaterra ha sido la cuna de la sombrerería y sigue siendo un estandarte en el arte de vestir cabezas.
Así como en las carreras de Ascot muestran locuras extravagantes, en esta ocasión nos han enseñado técnica y pulcritud.
Me he sentido impresionada al contemplar las impecables diagonales, las curvas perfectas, los ángulos depurados y algunas proporciones exageradas pero equilibradas.. Tejidos lisos, sin estridencia. Una paleta tenue, de colores empolvados, en contrapunto a los azules intensos; un ambiente elegantísimo. Digno de contemplar en silencio y con respeto.
En contraste, lo que vemos en este país los últimos años es una notoria y renovada afición por los tocados y sombreros, realizados por novísimos crerativos que, aprovechando la moda del "sombrero desestructurado" confeccionan todo tipo de perifollos y artilugios donde todo vale, con plumas y telas colocadas de cualquier manera, sin concepto ni sentido, perdiendo las formas…
Antes de perderlas, hace falta poseer una elaborada y minuciosa técnica estructural donde se construye una pieza. Entonces si se pueden romper "las formas" con arte y saber.
Ha sido un gran acontecimiento para los que disfrutamos con la calidad y la belleza. Esta boda nos ha llenado de ESENCIA.
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Gracias por su comentario
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